Dory Ruiz-Gavilán. Málaga
Jueves 3 de abril de 2008, por Foro Diamantino (actualizado el 16 de abril de 2008)
He leído con mucho interés el pliego de la revista nº 2.601 de la diócesis de Málaga" ¿Qué obispos queremos?" Pero quizás le ha faltado al artículo algo que, francamente, he echado de menos; sería responder a la siguiente pregunta : ¿Qué es lo que no queremos de un Obispo? A la espera de que los expertos se pronuncien, adelanto unas sugerencias:
¿Por qué el nombramiento para una sede convierte al Obispo en el empresario de la diócesis, aunque no tenga formación para ello? ¿Sólo porque así está previsto en el Código de Derecho Canónico? Reivindico la figura del Obispo-pastor frente al obispo-gestor –administrador. ¿No separó S. Pedro estas funciones desde el mismo comienzo de la Iglesia? (Hch 6.4).
La economía de la diócesis estaría bien atendida por los miembros de un Consejo económico integrado mayoritariamente por seglares creyentes y comprometidos. Pero un órgano con capacidad de decisión, no como el actual que sirve de poco más que de fachada.
Me pregunto si no convendría liberar al Obispo de la responsabilidad económica para que se centre en los problemas pastorales. Más de una vez un Obispo ha sido trasladado a otra diócesis y el sustituto ha tenido que cargar con las consecuencias de decisiones económicas y financieras equivocadas, de las cuales no responde quien ya se marchó.
Cuando el Obispo esté liberado de estos menesteres no cabe duda que le quedaría más tiempo para ser el pastor de su diócesis, mas cercano al clero, escuchando y compartiendo sus problemas. Conocería mejor las parroquias y a los feligreses, no sólo a través de una visita oficial de vez en cuando. Dispondría en fin, de más tiempo y más serenidad para estar disponible, rezar y aconsejar. ¿Utopía? Puede que si, pero ¿por qué no se intenta?
Dory Ruiz-Gavilán. Málaga
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