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comentario a los evangelios del 13 y 14 sábado y domingo

josemariacastillo

Viernes 12 de marzo de 2010, por Foro Diamantino (actualizado el 12 de marzo de 2010)    Ver en formato PDF


13 de Marzo Sábado

Lc 18, 9-14

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás: “Dos hombre subieron al templo a orar. Uno era un fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

1. Por supuesto, para conocer bien esta parábola, es importante saber la historia de los fariseos y lo mucho que se ha investigado sobre ellos. Pero si se reduce a eso el estudio de la parábola, puede ocurrir que lleguemos a saber al detalle la historia de los fariseos, pero no nos enteremos de lo que el Evangelio nos quiere decir hoy a nosotros. No nos acercamos al Evangelio principalmente como historiadores, sino como creyentes.

2. Tal como la parábola está redactada, en ella quedan claras varias cosas: 1) Las personas religiosas, si son muy observantes, se forman una idea de sí mismas que es completamente falsa. 2) Además, se ven mejores que los demás. 3) Por tanto, desprecian a todo el que no piensa y vive como ellos creen que hay que pensar y vivir. 4) Aunque se imaginen que están cerca de Dios, no lo están. 5) Hay gente que, no sólo se ven como malas personas, sino que además ven que no pueden cambiar de vida. 6) A esa gente no les queda otra salida que suplicar que Dios tenga compasión de ellos. 7) Los que se ven así, son paradójicamente los que están más cerca de Dios.

3. Hay que hacer una lectura “secular” de este relato, que se resume en lo siguiente: el que va por la vida viéndose como persona ejemplar y mejor que otros, a los que desprecia, es el ser despreciable por excelencia; mientras que los que se ven como los últimos, de forma que ni se atreven a levantar la cabeza, ésos son los que hacen posible que la convivencia se humanice.

14 de Marzo Domingo

Lc 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a su campo a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino a donde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Él le replicó a su padre: Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha gastado tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú estas siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado”.

1. Además de sus enseñanzas religiosas, esta parábola contiene una enseñanza humana de enorme importancia. Para entender este punto de vista, basta hacerse esta pregunta: al final del relato, ¿cómo se ve a sí mismo cada uno de los dos hermanos?

2. El hijo menor: “no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. El hijo mayor: se ve como el hijo perfecto: obediente, trabajador. Y por eso se siente con derecho a echarle en cara a su padre que es un tacaño, que es injusto porque premia al perdido, y no quiere ni ver a su hermano por ser un degenerado.

3. Reconocer las propias limitaciones, nos humaniza. Verse ejemplar y perfecto, nos hace intolerantes, arrogantes, despectivos e inhumanos.


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