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Comentario a los evangelios de sábado y domingo

josemariacastillo

Domingo 1ro de marzo de 2009, por Foro Diamantino (actualizado el 6 de marzo de 2010)    Ver en formato PDF


6 de Marzo Sábado

Lc 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundan cia de pan, mientras yo aquí me muerto de hambre. Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Se puso en camino a donde estaba su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en su mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido , y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el terno cebado, porque lo ha recobrado con salud. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: Mira en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado”.

1. Lo primero que destaca esta parábola es que el comportamiento de los observantes religiosos (fariseos y letrados) no soporta la conducta de las personas tolerantes, acogedoras y cercanas a la gente mal vista por la religión.

2. La parábola es una teología de Dios. No es el Dios del teísmo tradicional, “que premia a los buenos y castiga a los malos”. El Dios, que presenta aquí Jesús, no tiene en cuenta la supuesta “maldad” de los “malos”: es permisivo, no juzga, acoge al perdido, no le pide explicaciones, ni permite que el “malo” se las dé, lo viste de gala, le organiza una fiesta....

3. Ni el hijo “malo”, ni el hijo “bueno” conocían a su padre, al Padre. El Padre que nos enseña Jesús rompe todos los esquemas imaginables. Es el “Dios diferente”.

7 de Marzo Domingo

Lc 13, 1-9

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilatos con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no, y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar fruto en esta higuera, y no lo encontró. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.

1. En tiempo de Jesús estaba muy difundida la idea de que las desgracias, que le ocurren a la gente, son castigo de Dios. Lo mismo si tales desgracias provenían de la maldad de un político cruel (caso de Pilatos) que si se producían por un hecho fortuito (la torre de Siloé). Es la idea según la cual a las personas religiosas (los que ofrecen sacrificios sagrados) les tendría que ir bien, mientras que a los “demás galileos” (gente de mala fama) se les castiga.

2. Dios no anda castigando a unos y premiando a otros. Los bienes y los males suceden en la vida porque la vida, las personas, la sociedad, todo eso es como es. A los éxitos y a los fracasos no hay que andar buscándoles explicaciones sobrenaturales. Si hacemos eso, Dios resulta ser caprichoso, injusto y hasta esperpéntico.

3. Lo que Dios quiere es la “conversión”, es decir, que cambiemos de mentalidad. Y sobre todo, que demos fruto. Eso es lo que el dueño de la viña esperaba de la higuera. No pensamos que los oyentes de esta parábola tenían en su cabeza las ideas teológicas sobre “la gracia” o “la pastoral” que ahora tienen algunas personas. Lo más obvio es que “dar fruto” es “ser útil”, o sea que no pasemos la vida ocupando un “terreno en balde”.


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